A paladares curiosos, vinos con respuestas

Un dicho francés dice: “La cocina de la tierra se acompaña con el vino de la tierra”, lo cual implica un hecho real, por ejemplo, si vas a Cafayate, Salta, las empanadas y otros platos lugareños no tienen mejor compañía que el Torrontés de ese lugar. Claro que hay otros productos, como la carne, muy generalizados en la Argentina tanto en variedad como en formas de cocinarlos, que complican el asunto.

Sin embargo con el nacimiento vitivinícola de zonas no clásicas del país como de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, la Patagonia, Entre Ríos, Catamarca, Tucumán, Córdoba, San Luis y hasta lugares impensados hace una década como Misiones, el tema comienza a abrirse.

Ahora lo que define al vino no está tanto en la marca, sino en la forma de elaborarlos, en el cepaje o la combinación de dos o más de ellos. Porque cada una de las distinta uvas nacen en distintos Terruños (zonas con características particulares de suelo, clima. Altura y aspectos culturales únicos de sus pobladores). Por eso el consumidor debe armarse de paciencia y probar muchos vinos, comparándolos, hasta alcanzar “el paladar” suficiente para distinguir las diferencias entre las miles de propuestas vinificadas, y este se entrenará a tal punto que experimentar con una copa en la mano sea una gran alternativa de placer.

Porque para gustos no hay fórmulas mágicas, te damos algunos consejos para comenzar a experimentar con tus comidas:

 

Entradas

 

Normalmente elegimos como entradas lo previo al plato principal y la opción más recurrente son las ensaladas o una buena picada. Lo más acertado es un rosado ya que encontraremos frescura como complejidad al ser un vino ligero que no marca tanto el paladar.

 

Pastas

 

Podríamos guiarnos fácilmente con saber si se tratan de pastas “lisas o rellenas”, como también por el color de la salsa que las acompañan. Si la salsa es roja, gracias al tomate, que el vino sea de igual color. Si es “a la crema” o con “salsa rosa”, un tinto muy ligero o rosado va muy bien. Y se es a base de mariscos, la frescura y acides que ofrece un vino blanco dará una buena armonía.

 

En el caso de las pastas rellenas, el camino lo marca el relleno (espinacas, mozzarella, carne, etc.) y sus combinaciones con las salsas: Espinacas más salsa de tomate va con un rosado (de syrah por ejemplo) o un blanco (de chardonnay pasado por madera). Pero si es con mozzarella el relleno y trae una salsa boloñesa, la mejor opción es un tinto ligero (tempranillo, merlot o pinot noir).

 

Pescados o Mariscos

 

Rompiendo la tradición que siempre maridaron con vinos blancos, a los fritados dale un rosado. Si son cazuelas un tinto ligero pero un pejerrey frito con manteca reclama un champán extra brut o un sauvignon blanc. Ahora si prefieres un buen dorado o boga a la parrilla, anímate al sabor de un malbec o la sutileza del torrontés respectivamente.

 

Guisos

 

La gama de los guisos son muy extensas y variadas. El locro va bien con un torrontés, la carbonada con un tinto ligero, el mondongo es especial para un tinto intenso de cabernet sauvignon o malbec y los porotos con un tinto medio de bonarda o tempranillo. En cambio el puchero es un caso complejo y de gustos ya que lo ideal sería comerlo con varios vinos, un tinto para la carne, un blanco para los vegetales y un rosado si trae gallina o pollo, pero en general no vas a errarle con joven malbec.

 

Carnes

 

Recuerda que lo simple no armoniza con lo complejo. Si bien la idea está en que el color de la carne se asocia con el color del vino, sería interesante que rompas el molde y simplemente le hagas caso a tu paladar. Cuanto más astringente y alcohólico sea el vino mejor quitará la grasa de tu boca. La premisa sería que el gusto argentino por el asado iría asociado al vino joven, porque un vacío o costilla con esa grasita tan rica, arruinaría al tinto añejado en barricas de roble por doce meses por ejemplo. Pero ciertas elaboraciones cárnicas de aves o corderos y chivitos, no dudarían en ponerlos a prueba a estos complejos vinos. Si no puedes resistirte a una buena parrillada de con achuras, no le niegues a los malbec, tempranillo, syrah y hasta blancos maderizados.

 

El Secreto:

 

“Ante comidas muy elaboradas, vinos complejos. Ante comidas simples, vinos ligeros y jóvenes. Ante la duda, paladar curioso”

Fuente: Enotria Club & El Portal del Chacinado

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