¿Qué son las lágrimas del vino?

Este fenómeno fue identificado por primera vez en las llamadas “lágrimas del vino” por el físico James Thomson en 1855. El vino puede exhibir un efecto visible llamado “lágrimas”, esas lágrimas o huellas que caen por las paredes de la copa tras servirnos el vino. Este efecto es una consecuencia del hecho de que el alcohol tiene una tensión superficial menor que el agua.

Hoy en día los científicos afirman que realmente las lagrimas del vino son debidas al efecto Marangoni, en el cual al ser el alcohol una sustancia más volátil que el agua, en la superficie y en la parte superior de la copa mojada se forma una delgada capa de líquido más acuoso y, por lo tanto, de una tensión superficial más fuerte. El efecto de capilaridad hace subir al líquido a lo largo de la copa y la elevación de la tensión  superficial tiende a formar gotas que al caer dibujan unos canalillos o lágrimas del vino. Cuanto más elevada es la concentración en alcohol, más abundantes son las lágrimas.

Esas lágrimas nos dan untuosidad, volumen, un leve dulzor y la sensación de sedosidad en la boca en ciertas ocasiones. Algo muy importante para apreciar el tacto en la cata.

Por lo tanto, un vino con buena lágrima seguro que es rico en glicerol a parte de otros componentes, pero principalmente dominará el glicerol. De ahí que se diga que es rico en dicho componente aunque tenga otros compuestos que también influyen en esta característica (etanol, azúcar residual, etc.).

Fuente: El Portal del Chacinado 

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